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Alfredo De Monte: “Un país sin industria es un país más dependiente, más frágil e injusto”

  • cidem7
  • hace 12 horas
  • 6 Min. de lectura

En un contexto de retroceso de la industria argentina, el socio gerente de FDM SRL y miembro de la Red de Empresarios para el Desarrollo (RED) sostiene que la defensa del entramado productivo es indisociable del compromiso social. Su historia personal y empresarial demuestran que el factor humano y el vínculo con el conocimiento son tan importantes como los resultados económicos.



La escena que describe Alfredo De Monte no es optimista, pero sí profundamente realista. “La industria argentina está en modo supervivencia”, afirma el socio gerente de FDM SRL, PyME de Ciudadela dedicada a la fabricación y comercialización de insumos para las industrias maderera y automotriz. En ese estado, explica, “desaparecen las ideas, el proyecto, la programación, el desarrollo”. Y pone un ejemplo de su empresa: “en un comentario entre colegas yo decía que en 2006 FDM certificó ISO 9000, era para mejorar procesos, había un objetivo claro”.  Pero lo que antes era planificación hoy se reduce a la urgencia: “Las empresas están pensando en cómo van a comenzar la semana próxima”.


Lejos de quedarse en diagnósticos superficiales, el empresario, quien también cofundó e integra la Red de Empresarios para el Desarrollo (RED), pone el foco en un problema estructural: la falta de reglas claras. “Se habla mucho de eficiencia, de competitividad… pero poco de algo básico: reglas de juego estables. Sin eso, no hay industria que aguante”. Y va más allá: cuestiona una mirada que ubica a la industria como un problema. “La industria es parte de la solución. Un país sin industria es un país más dependiente, más frágil e injusto”.


Entre la resistencia y el riesgo de retroceder


El panorama se vuelve aún más crítico al observar su sector. Con niveles de utilización de la capacidad instalada en torno al 41% —y en su caso particular cerca del 30%—, el debate ya no es cómo crecer, sino cómo sostenerse. “En nuestro sector ya casi no se discute crecimiento, se discute resistencia. Y eso cambia la cabeza”.


De acuerdo con De Monte, ese cambio no es menor. “Cuando todo es defensivo, empezás a tomar decisiones para no caer… no para avanzar”. Y advierte: “La micro y la pyme utilizan el 80% de la mano de obra ocupada, con estos niveles de actividad es poco probable que pueda mantener sus estructuras actuales. El riesgo ahí es volverte conservador, achicarte, perder iniciativa. Y una empresa que pierde iniciativa, aunque sobreviva, ya empezó a retroceder”.


El fenómeno no es aislado. Lo vincula con un proceso más amplio de reprimarización. Según él, países como Argentina, Brasil y Chile tenían industrias muy potentes, pero desde los últimos 20 años la situación se modificó. “Es más barato venderle materias primas a China (soja, cobre, litio) e importar los productos fabricados desde allá que mantener nuestras fábricas abiertas”.

 

Sostener una PyME: más que números


Para De Monte, el desafío de sostener una empresa en la Argentina actual no es únicamente económico. “La PYME en Argentina no compite en igualdad de condiciones. Compite contra la importación, contra la incertidumbre, y muchas veces contra decisiones que no contemplan a las pequeñas empresas, que repito, son el 80% de la mano de obra ocupada”, evalúa.


Así, remarca: “Sostener una PyME no es un problema económico, es un problema emocional, mental, humano. Y eso no aparece en ningún balance”.


Sin embargo, también identifica capacidades clave para resistir: acción, cooperación y profesionalización. “Las pequeñas empresas se han profesionalizado, han salido a competir en el mercado interno y externo, se han certificado en calidad, se vinculan más”. Pero llama la atención sobre una contradicción central: “Hacemos inversión productiva en un contexto donde el mundo nos enseña que es más rentable especular que producir. Si producir es más difícil que especular, el problema no es el empresario. Es el sistema”.


Política industrial: una discusión de fondo


Cuando se le pregunta por la política industrial, su definición es tan simple como certera: “es decidir si querés ser un país que produce o uno que administra”. Para De Monte, el principal obstáculo es la discontinuidad: “cada gobierno arranca de cero, y todo el mundo corriendo para ver cómo se acomoda nuevamente. La industria no funciona así. La industria necesita tiempo. Y en Argentina, el tiempo siempre parecer estar en discusión”.


Por eso insiste en que no se trata solo del aspecto técnico: “es una discusión política y cultural”. Y deja una idea que conecta con el largo plazo: una política industrial debería orientar la economía hacia actividades que beneficien el futuro del país.


Una historia familiar, un legado vivo


FDM SRL no es solo una empresa: es, en palabras de su propio titular, “una historia”. Fundada en el marco de ese “hilo rojo” que unía a las pequeñas empresas familiares en las décadas del 60 y 70, creció a partir del esfuerzo cotidiano, la reinversión y el aprendizaje constante. De Monte comenzó a trabajar junto a su padre y su hermano en 1974, en un pequeño taller. “El dueño juntaba los cheques y luego compraba la máquina”, recuerda, describiendo una lógica de crecimiento lenta pero sostenida.


El legado recibido no fue simplemente técnico, sino ético: “En las empresas familiares hay algo que no se ve desde afuera: no heredas solo una estructura, heredás una responsabilidad, un compromiso. Mi viejo nos dejó valores más que respuestas. Y eso es lo más difícil, porque te obliga a pensar, a decidir, a equivocarte”. Para él, el verdadero desafío no es continuar, sino “continuar sin repetir, tratando de cometer la menor cantidad de errores posible”.


FDM es una PyME familiar de Tres de Febrero con 50 años de trayectoria en la fabricación de herrajes y perfiles.
FDM es una PyME familiar de Tres de Febrero con 50 años de trayectoria en la fabricación de herrajes y perfiles.

Universidad y conocimiento: un puente necesario


Formado como ingeniero mecánico en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), De Monte reivindica con énfasis el valor de la educación pública. “La universidad te enseña a resolver problemas concretos. Y eso, cuando estás en una empresa, hace toda la diferencia”.


Aunque llama la atención sobre una deuda persistente: la vinculación entre el sistema científico-tecnológico y el aparato productivo sigue siendo débil.  Para revertirlo, plantea una responsabilidad compartida, tanto de las universidades como de las empresas. “No es solo un problema de la universidad, muchas veces las empresas no buscan ese vínculo, tal vez por desconocimiento, tal vez por miedo a pedir ayuda. Tenemos talento… pero no logramos transformarlo en crecimiento y desarrollo”


Empresa, sociedad y estigmatización


En un escenario donde la figura del empresario suele ser cuestionada, De Monte propone una mirada alternativa. “Se instaló la idea de que o sos empresario y explotador, o sos socialista y no entendés nada”. Frente a esa dicotomía, responde con su propia experiencia: “podés generar valor económico y al mismo tiempo hacerte cargo del impacto que tenés sobre los demás”.


Su definición de empresa es clara. “Una empresa moderna cumple un rol integral: es un motor económico, un centro de relaciones sociales y un gestor ambiental”. Y suma: “Su sostenibilidad depende de equilibrar esas tres funciones y de generar valor no solo para sus dueños, sino para toda la sociedad en la que opera”.


El trabajo como motor, no como costo


Otro de los ejes centrales de su pensamiento es el rol del trabajo. “El trabajo no es solo un costo. Es el motor de la producción”. Por eso, se muestra crítico de enfoques que reducen la cuestión laboral a una variable de ajuste.


Respecto a la reforma laboral, advierte: “Suele plantearse como una solución mágica. Y no lo es. Hay cosas que seguramente haya que modernizar, pero si el eje es solo bajar costos, es una mirada corta. Si precarizás, tal vez ganes en el corto plazo… pero perdés en el largo”.


En FDM, el factor humano es central. “Nuestra gente es fundamental en el funcionamiento de la empresa porque generamos entre nosotros, nuestros clientes y proveedores compromisos fuertes. El compromiso no se exige, se construye”. Y en esa construcción, vuelve a aparecer la educación como pilar.


Resistir, cuestionar y seguir


Hacia el final, De Monte deja una reflexión profunda: el verdadero riesgo es naturalizar la crisis. “Cuando la dificultad se vuelve costumbre, dejás de cuestionar. Es ahí donde debemos actuar”. Su llamado a otros empresarios y empresarias es claro: resistir, ser críticos y sostener el sentido. “Si tenés un porqué, podés soportar casi cualquier cómo”.


En tiempos donde la lógica de la rentabilidad a corto plazo parece imponerse como único criterio, la voz de Alfredo De Monte propone otra forma de pensar la empresa: como un espacio donde producir también implica construir sociedad.


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