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La Funga: un proyecto que une investigación, productos medicinales y educación en torno a los hongos

  • cidem7
  • 18 may
  • 8 min de lectura

Actualizado: 19 may

Las ingenieras químicas Roxana Hercolini y Cecilia Carrillo Pinto convirtieron un pasatiempo en una cooperativa que indaga, produce y enseña sobre adaptógenos para la salud integral de las personas.



En 2020, en plena pandemia, dos ingenieras químicas —Roxana Hercolini de la Universidad Tecnológica Nacional y Cecilia Carrillo Pinto de la Universidad de Buenos Aires— se juntaron para aprender a cultivar hongos comestibles como una actividad entre amigas. Pero lo que empezó como un simple hobby terminó en un proyecto profesional que combina investigación científica, medicina ancestral y economía social.


“Las dos trabajábamos en empresas, en el mundo corporativo, y nos agarró una especie de crisis existencial, no nos sentíamos muy representadas con aquello a lo que le dedicábamos tantas horas de nuestras vidas, se nos despertó esa inquietud del propósito”, recuerda Roxana.


Entonces, revisando aquello que más les gustaba, encontraron un taller de cultivo de gírgolas. “Yo soy vegetariana y Ceci vegana, ninguna come carne y los hongos nos gustan desde siempre, en nuestra dieta es un gran aporte de proteína, de hierro, es un alimento muy completo. Arrancamos por ahí: cultivando hongos comestibles”, continúa Roxana. Cecilia agrega: “Nos gustó mucho la posibilidad de la autogestión: generar tu propio alimento, tu propia medicina”.


Así, se fueron adentrando cada vez más en ese universo. “Nos encanta investigar y en ese momento notamos que había varias personas haciendo tratamientos con microdosis de psilocybe cubensis. Queríamos saber que había detrás de ese fenómeno y armamos una encuesta sobre el impacto de las microdosis en la salud de las personas”.

 

De la curiosidad a la red académica


Roxana y Cecilia presentaron los resultados de esa encuesta en las Jornadas Internacionales de Cannabis, Enteógenos y Políticas de Drogas organizadas por la Universidad Nacional de Quilmes, algo que signó el nuevo rumbo que querían para sus vidas.


“En esa actividad conocimos a muchos profesionales de la salud de la medicina integrativa que usaban el cannabis como tratamiento en sintomatologías de sus pacientes, y se generó una unión interesante“


De pronto, vieron que podían cultivar otros hongos, replicar lo que ya sabían en otras especies. “Después de esa experiencia en la Universidad de Quilmes y de la red que se conformó, nos volcamos de lleno a los hongos adaptógenos, lo que dio origen a La Funga”, apunta Cecilia.

 

Cecilia Carrillo Pinto
Cecilia Carrillo Pinto

Qué son y cómo actúan los adaptógenos


La definición de Roxana es clara: “Los hongos adaptógenos tienen varios compuestos bioactivos con la capacidad de ayudar al cuerpo a restablecer el equilibrio cuando se desajusta”. No es una molécula que ataca un síntoma como pasa con los productos farmacológicos: es un conjunto complejo de compuestos que incide en los sistemas inmunológico, nervioso y endócrino de forma integral. Pero como aclara Roxana, hay  adaptógenos con compuestos bioactivos que son característicos de ese hongo. “Están los que  ayudan a bajar la ansiedad y a dormir mejor, como el Reishi, algunos son vigorizantes como el Cordyceps militaris, y tenés otros como el Melena de león que trabaja el eje intestino-cerebro y es tanto un potenciador cognitivo como un prebiótico”.


Cecilia hace una aclaración porque, según dice, muchas veces la gente malinterpreta: “Los hongos adaptógenos no tienen propiedades psicoactivas y están regulados”.


Es que de acuerdo con ellas, en nuestro país todavía se conoce poco sobre el mundo de los hongos y eso alimenta ciertos prejuicios. “Nuestra cultura es medio micofóbica, existe una resistencia a probar hongos por miedo a que puedan ser tóxicos. Culturalmente crecimos con esa idea, pero la cultura oriental tiene a los hongos muy incorporados en la medicina y en la dieta, desde hace miles de años”, contrasta Roxana.


Para ambas, este tipo de hongos están asociados a otra manera de concebir la medicina. “Nos ponen en contacto con una medicina más integral, como la medicina tradicional china o Ayurveda, que tiene una mirada preventiva, no reaccionaria, basada en procesos y no en soluciones inmediatas. Es conocimiento ancestral que busca entender cuál es la causa raíz del malestar y no solo apagar el síntoma”, aporta Cecilia.

 


Algunos de los adaptógenos con los que trabaja La Funga. A la izquierda Reishi, para tratar la ansiedad y el insomnio, y a la derecha Melena de León, para mejorar la concentración y el tránsito intestinal.
Algunos de los adaptógenos con los que trabaja La Funga. A la izquierda Reishi, para tratar la ansiedad y el insomnio, y a la derecha Melena de León, para mejorar la concentración y el tránsito intestinal.

La travesía tecnológica y el desarrollo de productos


El paso siguiente para Roxana y Cecilia era montar un laboratorio para desarrollar sus productos, que van desde polvos (hongo seco molido), pasando por cápsulas, hasta cremas y extractos hidroalcohólicos, usando adaptógenos como Reishi, Melena de león, Tremella, Maitake y Shiitake, cada uno con propiedades diferentes.


Así, encontraron un espacio en el barrio de Flores (C.A.B.A.) al que fueron sumando distintas tecnologías para cada una de las etapas de elaboración.


La primera es la inoculación, que consiste en introducir el micelio del hongo (su parte vegetativa) en un sustrato nutritivo –en el caso de ellas utilizan bolsas con pellets- para iniciar el cultivo en altas condiciones de higiene. “Incorporamos un autoclave, para esterilizar instrumentos, medios de cultivo y envases, y un flujo laminar para limpiar el aire de microorganismos”, refiere Cecilia. La segunda etapa es la fructificación. “Es la parte en la que los hongos necesitan cierta luminosidad, condiciones de humedad y temperaturas específicas para crecer.  Una vez que están fructificados, cuando les salen los sombreros o setas, se cosechan”, agrega.


Al cosecharlos, pueden deshidratarse y molerse para convertirlos en polvo o cápsulas, pero hay otros procesos, más sofisticados, para obtener los extractos, donde intervienen otras tecnologías.  “Nosotras hacemos doble extracto. Extraemos los compuestos bioactivos que nos interesan con alcohol y agua hasta llegar a la concentración que necesitamos”, describe Roxana.


Y para eso, se sirven de equipos que mantienen la agitación y la temperatura continuas y garantizan que los lotes sean todos uniformes, con el mismo tiempo de contacto y agitación con el solvente.


Roxana Hercolini preparando dobles extractos.
Roxana Hercolini preparando dobles extractos.

“Tenemos también equipos de reducción como el de Mamba Labs, un productor local que se especializa en la reducción para la parte alcohólica de los hongos”, suma Cecilia.


A medida que ensayaban, constataron que la extracción era más eficiente con métodos mixtos, entonces agregaron, al método más artesanal de la olla a presión, un equipo de ultrasonido de baja frecuencia para usar en hongos que son de pared celular más dura, como el Reishi.


“Fuimos incursionando, leyendo bibliografía, viendo desde lo empírico que era lo que resultaba. En cada lote medimos sólidos para ver si es necesario hacer ajustes y mejoras. Ahora estamos articulando con otros productores que también quieren medir beta-glucanos y otros compuestos”.


En esa innovación constante, apuntan a la liofilización de extractos, un método que consiste en secar por congelación para preservar moléculas termolábiles. Quien explica el proyecto es Cecilia. “La gente nos pregunta qué diferencia hay entre el hongo en polvo solo y el extracto, y lo que decimos es que el extracto tiene el compuesto puro ya disponible. Un escalón más arriba sería secar esa tintura para que queden polvos con mayor biodisponibilidad, y estamos en ese camino”.

 


Producción local con sentido cooperativo


Formalizada como cooperativa en febrero de 2024, La Funga hoy reúne a seis personas con perfiles diversos, mayormente mujeres. “Nos identificamos más con esa forma de trabajar, con la idea de sentir el proyecto propio y de que haya una participación más horizontal que con la figura de una empresa”, comenta Cecilia.


“Somos pocas personas haciendo muchas cosas. Cada incorporación al equipo de trabajo es un compromiso que pensamos con cuidado”, señala Roxana. Sin embargo, sostiene que en un contexto como el actual es complejo planificar. “De todas las cosas que proyectamos hacia adelante, es difícil ponerle fecha a algo, sin estabilidad económica es casi imposible pensar en el largo plazo”.


Tecnologías que usa la cooperativa para elaborar sus productos. Arriba, un flujo laminar y un autoclave para esterilizar. Abajo, un equipo de reducción y un agitador a temperatura controlada con los que se hacen los extractos.
Tecnologías que usa la cooperativa para elaborar sus productos. Arriba, un flujo laminar y un autoclave para esterilizar. Abajo, un equipo de reducción y un agitador a temperatura controlada con los que se hacen los extractos.

Pero como contrapartida, las dos coinciden en que actualmente esta clase de productos tiene más llegada en la gente. “Crece la demanda por el boca en boca, las personas se van enterando y están más abiertas al mundo de los hongos. También aumenta la oferta, cada vez hay más proyectos que se dedican a esto. Estamos observando ese movimiento, lo vemos cuando tenemos una feria o un evento donde te encontrás con nuevos productores, nuevos públicos”, reconoce Roxana.


De hecho, la demanda de elaborados de La Funga escaló y hoy derivan parte de su producción a otra cooperativa con base en Moreno que cuenta con el Registro Nacional de Establecimiento (RNE) y trabaja con las normas de la Dirección de Industrias y Productos Alimenticios (DIPA) de la Provincia de Buenos Aires. “Tienen una idiosincrasia muy parecida a la nuestra en la que se prioriza siempre el hongo producido localmente, lo cual es un desafío porque hay poco productor que tiene habilitación para hacer hongo fresco”, destaca Cecilia. Una expansión que también se refleja en la comercialización, porque a la venta online están sumando ahora, como boca de expendio, a las dietéticas.

 

La comunidad fungi y sus desafíos


Algo que destacan las fundadoras de La Funga es que en nuestro país se está construyendo una comunidad alrededor de los hongos que viene atravesada por la solidaridad.


“Cuando arrancamos había pocos haciendo esto. Los que siguen hoy hicieron un recorrido similar al nuestro y son grandes amigos. Hay una comunidad fungi que es super colaborativa. Tenemos una relación de mucha generosidad y empatía, porque estamos todos en la misma”, apunta Roxana.


Para Cecilia, esta unidad es fundamental para robustecer al sector y hacer frente a los retos que se le presentan. “Queremos que crezca el sector porque falta mucha regulación para la producción de hongos y sus derivados. Nos queda mucho camino por recorrer porque no hay una legislación puntual, si querés producir te encontrás con cantidad de trabas burocráticas. Por ejemplo, hay hongos que se están usando mucho como el Cola de pavo y no están en el código alimentario”.


Los productos de La Funga abarcan una diversidad de formatos: extractos, cápsulas, polvos y cremas.
Los productos de La Funga abarcan una diversidad de formatos: extractos, cápsulas, polvos y cremas.

Otro aspecto sensible es el de los análisis de calidad para determinar qué compuestos bioactivos están presentes en el producto final. “Todo eso no está desarrollado todavía en Argentina, funciona más en laboratorios de afuera. De a poco, los productores nos estamos agrupando porque una cosa es medir sólidos, pero si queremos un detalle más fino de todo lo que estamos extrayendo necesitamos que los laboratorios incorporen estas prácticas”, remarca Roxana.

 

Historias que sostienen el proyecto y la pata educativa


El feedback de usuarios alimenta su trabajo: relatos de personas que recuperaron el sueño y la energía o mejoraron problemas intestinales crónicos son moneda corriente. “Los que más agradecidos están son los que no podían dormir y ahora pueden”, cuenta Roxana. Las apariciones públicas de algunas figuras se dieron de forma orgánica y siempre con verificación previa: “Sole Barrutti vino a conocer nuestro laboratorio antes de recomendarnos en sus redes”, rememora Roxana con orgullo. Para ellas, la transparencia es innegociable: “La gente tiene que preguntar por las concentraciones y compatibilidades con otros medicamentos”. Esto también se vincula con otra dimensión clave de la Funga, que es la socialización de conocimiento a través de talleres de cultivo y elaboración de extractos. “El año pasado los hacíamos cada dos meses, este año son más espaciados porque no damos abasto, pero es algo que nos distingue y nos gusta hacer. Muchos no pueden comprar pero sí aprender a cultivar con residuos domiciliarios y a hacer extractos con técnicas caseras. Cualquiera puede hacer los talleres y empoderarse”,  enfatiza Cecilia.


Una invitación para empezar de a poco


Roxana aconseja rutas de entrada: “Podés empezar comiendo hongos como parte de la dieta, después probar un polvo, una cápsula o un extracto. Ir de a uno para identificar qué te funciona”.  Además, sugiere el uso de los adaptógenos durante un mínimo de dos meses, que es lo que el cuerpo más o menos necesita para adaptarse y percibir los efectos.


Cecilia insiste en la integralidad: “Los adaptógenos tienen que acompañarse con buenos hábitos, no hacen magia por sí solos”. La Funga abre la invitación: ferias, talleres y venta online y en dietéticas para quienes quieran informarse, probar y sumarse a una forma distinta de pensar la salud.

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