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Reconfigurar la PyME: industria, servicio y vínculos en tiempos de cambio

  • cidem7
  • 18 may
  • 5 min de lectura

Actualizado: 19 may

Las mesas de vinculación del CIDEM y la RED reunieron a empresarios para repensar el futuro productivo: menos certezas, más colaboración y un nuevo modelo en construcción.



La escena es simple, pero el objetivo es ambicioso: sentar a empresarios de distintos sectores en una misma mesa para que se escuchen, se conozcan y, sobre todo, encuentren puntos de contacto. Así nacieron las mesas de vinculación impulsadas por el CIDEM y la Red de Empresarios para el Desarrollo (RED), un espacio que, según explicó el empresario Pablo Gómez, busca algo más que intercambio técnico.


“Entender qué hace el otro muchas veces termina siendo más importante que el contenido original. El cara a cara genera una cercanía que no te da un WhatsApp”, planteó Gómez al abrir el encuentro.


La propuesta es concreta: presentaciones breves, foco en el presente —no en la historia— y apertura para detectar tanto necesidades como oportunidades de colaboración. Un formato ágil que, sin embargo, habilita discusiones profundas sobre el estado actual de la industria argentina y los dilemas que enfrentan las PyMEs.


Industria en crisis: desgaste, incertidumbre y cambio de reglas


La mayoría de los participantes coincidió en el diagnóstico: el contexto es complejo, con caída de la rentabilidad, presión sobre los costos y un desgaste cotidiano que excede lo económico.


Andrés Capriati, de Mercomac, fabricante de herrajes, sintetizó esa sensación con crudeza:

“Esta crisis no es para cualquiera. Estás todo el día atajando penales. Es un nivel prácticamente demencial”.


Más allá de la coyuntura, Capriati planteó una preocupación estructural: la dificultad de proyectar en un escenario donde cambian las reglas del juego a nivel global. “No concibo un país desarrollado sin industria. Pero la industria que viene va a estar más asociada al conocimiento, la ciencia y la tecnología”.


En ese marco, la irrupción de la Inteligencia Artificial aparece como una oportunidad y, al mismo tiempo, como un desafío. “La IA tiene un potencial enorme, incluso para resolver problemas técnicos. Pero hay que dedicarle tiempo y entender cómo aplicarla. No es una panacea automática”.


¿Producto o servicio? El corazón del nuevo modelo


Uno de los debates más intensos giró en torno a un cambio de paradigma: el desplazamiento del producto como eje central del negocio.


Gómez lo planteó sin rodeos: “Antes el centro era el producto. Hoy capaz ya no tiene sentido. El fabricante chino te lo deja en la puerta de tu casa. El valor puede estar en el servicio”.


Los asistentes estuvieron de acuerdo en que el servicio puerta a puerta revolucionó todo.

“Nunca pasó que una empresa en India hace una cerradura y que 48 horas después esa misma cerradura puede estar en la puerta de tu casa a miles de kilómetros”, comentó Capriati.   


La idea, reforzada por ejemplos internacionales —como empresas japonesas que abandonaron la producción para enfocarse en la gestión y la comercialización—, obliga a repensar el rol de las PyMEs.


Sin embargo, el cambio no es lineal ni sencillo. El mismo Capriati advirtió sobre las limitaciones: “Yo fabrico componentes. Para dar una solución completa tendría que cambiar totalmente de negocio. No es tan fácil”.


La tensión queda planteada: mientras el producto pierde centralidad frente a la competencia global, el servicio emerge como diferencial, pero exige nuevas capacidades, inversión y, muchas veces, una transformación estructural.


Nuevas empresas, nuevas reglas


El contraste generacional también apareció como clave interpretativa. Ignacio Campal, de Tokio Iluminación, representa una nueva camada de emprendimientos que nacen directamente en este contexto.


Su empresa, dedicada al diseño y producción de artefactos de iluminación, con apenas dos años y medio de historia, crece a pesar de la crisis. “Arrancamos ya con estas reglas de juego. No teníamos estructura que sostener, así que todo lo fuimos armando en función de la realidad actual”.


Esa “falta de inercia”, como la definió Gómez, se convierte en ventaja competitiva: “Las fábricas viejas están armadas para un país que no existe más. Hay que olvidarse de todo y empezar de cero”.


El director del CIDEM, Tomás Jellinek, llevó esa idea a un plano conceptual: “Hay que reconfigurar el motherboard empresarial. Desaprender, pero sin que sea a través de la quiebra, sino mediante formación”.


En ese sentido, los asistentes se preguntaron cuál debería ser la formación de nuestros empresarios PyMEs, y acordaron que las carreras clásicas como administración de empresas, ingeniería industrial o contador necesitan hoy de otros conocimientos y herramientas para poder desenvolverse en la industria que se viene, donde las universidades tendrán un papel fundamental.


Marca, escala y diferenciación


Otro de los temas que aparecieron fue el valor de la marca en un mercado saturado de productos similares. Campal lo expresó con claridad: “El verdadero valor es la marca. Te ensancha la espalda”.


Pablo Vicente, del fabricante de circuitos electrónicos OutSource, coincidió: “El desarrollo de marca es clave en todos los negocios”, aseguró, e ilustró su punto con el auge de las franquicias, que 25 años atrás no existían.


Pero construir marca requiere tiempo, inversión y una estrategia clara, algo difícil de sostener en contextos de baja rentabilidad. En paralelo, la escala global impone límites concretos a la producción local.


Vicente lo explicó desde su experiencia en electrónica: “Podés fabricar lo que quieras, pero si no llegás al costo de mercado, no sirve. Hay que encontrar el nicho y el cliente que sepa comprar”.


Nichos, servicios y flexibilidad


Frente a la competencia global, varias empresas optan por estrategias de nicho y alto valor agregado. Es el caso de Socicas, la empresa de Yamil Casanovas, que basa su competitividad en el servicio: “No somos los más baratos, pero nos eligen por cómo trabajamos. A veces hacemos obras sin orden de compra porque el cliente necesita resolver ya”.


Esa lógica implica asumir riesgos financieros, pero también construir relaciones de largo plazo. “Prefiero invertir en trabajo antes que dejarla parada. Con el trabajo puedo ganar un 15 o 20%, mucho más de lo que te puede dar un instrumento financiero”.


Adaptarse o desaparecer


La conclusión compartida es contundente: las PyMEs deben transformarse para sobrevivir. Cambiar la lógica de negocio, revisar la cadena de valor, incorporar tecnología, construir marca o enfocarse en el servicio ya no son opciones, sino condiciones de supervivencia.


Capriati lo sintetizó en una advertencia: “Muchas empresas que existen hoy dentro de unos años no van a existir. La forma de trabajar tiene que cambiar radicalmente”.


El valor de vincularse


Más allá de los diagnósticos, las mesas de vinculación dejaron una certeza: el intercambio entre empresas puede tener efectos muy concretos. Pablo Cwik, del fabricante de sillones Gicovati, lo ilustró de este modo: “Uno tiene un sobrante, otro lo usa para fabricar algo. Son cosas que si no te conocés, no pasan”.


Capriati lo secundó: “Soy un convencido de que no es una moda, porque estamos en un mundo con sobreproducción, y cada vez se busca más la vuelta tecnológica para que esos descartes se puedan transformar en algo de valor”.


Pero el titular de Mercomac fue más allá, destacando el valor del espacio como ámbito de reflexión colectiva: “Más importante que las oportunidades concretas es poder pensar el futuro con otros. No es fácil encontrar esos espacios”.


En un contexto de incertidumbre, donde las certezas se desvanecen y los modelos tradicionales se agotan, estos encuentros aparecen como una respuesta posible: construir comunidad para imaginar, juntos, el futuro de la industria.


Porque, como coincidieron los participantes, en tiempos de cambio profundo, vincularse no es solo útil: es imprescindible.

 

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