Cuando jugar a los "fichines" trae aprendizajes profundos
- cidem7
- 19 feb
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Digi Learnnials es una startup argentina que convierte a los videojuegos en experiencias transformadoras para la educación y la salud. En esta nota, repasamos su historia y sus creaciones más emblemáticas.

Nacida en el cruce entre el desarrollo de videojuegos, la docencia y la investigación científica, Digi Learnnials viene demostrando que el edutainment no tiene por qué ser sinónimo de baja calidad técnica o visual. Muy por el contrario: sus producciones apuestan a la misma profundidad estética, narrativa y de diseño que cualquier videojuego comercial, pero con un valor agregado decisivo —el aprendizaje y la estimulación cognitiva— incorporado de manera sutil. “A prima facie parecen juegos tradicionales, comerciales, pero en realidad te están dejando algo”, resume uno de sus fundadores, Andrés Vergez.
Un origen atravesado por el oficio y la docencia
Digi Learnnials se fundó en 2017, en un contexto de incertidumbre laboral pero también de oportunidades. Vergez y su socio, Roy Magariños, se conocían desde hacía años: habían compartido proyectos en distintos estudios de videojuegos y también otras experiencias en el mundo digital. “Cuando los dos nos quedamos sin trabajo, apareció un concurso nacional para startups, con tutorías durante varios meses. Nos anotamos, quedamos seleccionados y ahí fundamos la empresa”, recuerda Vergez.
Ese punto de partida coincidió además con una revelación profesional. Durante su último empleo, Vergez asistió a una charla de uno de los fundadores de Rovio —la compañía finlandesa detrás de Angry Birds— que presentó un prototipo de videojuego tipo puzzle para aprender química. “Los personajes eran pelotitas que representaban los elementos de la tabla periódica. Cada uno tenía su personalidad, helio por ejemplo tenía una voz finita, hierro te hablaba re pesado, era duro y rompía todo. Vos resolvías el puzzle y seguías avanzando de nivel como cualquier juego, pero te quedaba el aprendizaje del comportamiento de cada una de las pelotitas, un aprendizaje invisible. Eso me pareció genial. Ahí entendí que quería dedicarme a hacer juegos así”.
El puente entre la academia y la industria
Desde entonces, Digi Learnnials trabaja en un territorio todavía poco explorado: el vínculo entre el conocimiento científico generado en universidades y centros de investigación y su traducción en experiencias lúdicas de alta calidad. “Es un puente que no existía y que estamos construyendo de a poco. Ya pasaron ocho años y todavía cuesta que se vea el valor del conocimiento que pueden transmitir los videojuegos”, señala Vergez.
La elección de enfocarse en educación y salud no fue una estrategia de mercado sino, como él mismo la define, “un llamado”. La docencia atraviesa la historia personal de ambos fundadores —madres, padres y familiares docentes, y ellos mismos dando clases— y terminó de sellar una identidad. “La transmisión del conocimiento siempre estuvo ahí, latente, y en algún momento prendió”.

El videojuego como experiencia transformadora
Para Vergez, el diferencial del videojuego está en su capacidad de generar hábitos y modificar la plasticidad cerebral. “El videojuego es un entorno seguro: podés fallar sin castigo, equivocarte todas las veces que quieras y volver a intentar. Incluso el fracaso puede ser divertido”, afirma. Esa lógica, aplicada al aprendizaje, abre la puerta a experiencias transformadoras que van más allá de la memorización y promueven el discernimiento.
Lejos de prohibir las pantallas, su propuesta es apropiarse de ellas: “Hay que inventar contenido propio en esas pantallas, contenido que eduque, estimule y emocione”.
Videojuegos hechos como casas o películas
En Digi Learnnials, desarrollar un videojuego es un proceso artesanal. “Hacer un juego es como construir una casa o filmar una película”, explica Vergez. “Necesitás perfiles interdisciplinarios: diseñadores, artistas, programadores, testers, gente que coordine. Nosotros somos un equipo núcleo de cinco personas y, según cada proyecto, convocamos freelancers, como un estudio de cine o de arquitectura”.
Ese modelo flexible se potencia con su vínculo con el ámbito educativo: gran parte del equipo es docente o estudiante de la universidad Image Campus, lo que les permite identificar y convocar talentos específicos según las necesidades de cada desarrollo.
Juegos que miden, detectan y transforman
Uno de los proyectos más emblemáticos del estudio es Kiki en Equilibrio, un videojuego orientado a la detección temprana de TEA (Trastorno del Espectro Autista) y también para su tratamiento, desarrollado junto a la psicopedagoga y doctora en neurociencias cognitivas Mariela Caputo. El juego no solo propone desafíos lúdicos, sino que corre sobre una plataforma capaz de analizar el comportamiento del jugador: tiempos de respuesta, errores, evolución en el desempeño. “Eso se puede medir y testear en el tiempo, y ver si hay una evolución positiva”, explica Vergez.

Los resultados derivaron en la publicación de un paper científico y en reconocimientos como los Premios Sadosky a la Innovación Tecnológica y los Premios Terranova del Hospital Italiano. Además, profesionales que trabajaron con niños usuarios del juego reportaron mejoras en los niveles de concentración, un feedback que reafirma el camino elegido por la startup.
Originalidad, colaboración y repercusión
El catálogo de Digi Learnnials incluye experiencias muy diversas. Un Mundo, Varios Mundos, desarrollado junto a la productora El Perro en la Luna y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018, fue un videojuego colaborativo en el que estudiantes investigaban países, dibujaban comidas típicas y veían sus creaciones integradas al juego. “Fue la primera vez que se hizo un videojuego de manera colaborativa con las escuelas”, destaca Vergez.
En Historias para Armar, creado junto a la ONG Chicos.net y Disney, los chicos aprenden a construir relatos con conflicto, desarrollo y final, en una plataforma tipo sandbox que sigue activa más de tres años después. “En general, los juegos educativos se publican y se descartan. Este sigue vivo, con mantenimiento y actualizaciones, y eso habla de su impacto”.

Crónica de los Libertadores: historia, juego e identidad
Entre los desarrollos propios, Crónica de los Libertadores ocupa un lugar especial. Se trata de un videojuego de estrategia histórica por turnos ambientado en las Guerras de la Independencia, con una rigurosa investigación detrás. “Lo que tiene de original es que hace mucho énfasis en personajes poco difundidos como Tomás Espora, Mariano Necochea o Gregorio Aráoz de Lamadrid. Descubrí que muchos de esos próceres eran pibes de 14, 15 o 19 años. Viéndolos así, los chicos se identifican de otra manera”, cuenta Vergez.
El proyecto se nutre del trabajo con museos, archivos históricos, recreadores y especialistas como el doctor en historia Julio Luqui-Lagleyze, y se expone en ferias y universidades. Como cuenta Vergez, tiene tal nivel de detalle que muestra mapas con el estilo y la caligrafía de la época, y reproduce los uniformes, las banderas y las armas exactamente a cómo eran en ese momento. Crónica de los Libertadores tiene tres niveles jugables y aunque aún no fue lanzado oficialmente, ya puede sumarse a la lista de deseos en Steam y forma parte de experiencias educativas en aulas y museos.
Mirar hacia adelante
Hoy Digi Learnnials trabaja en Harmony, una plataforma que integrará servicios de health tech y educación temprana, en alianza con Smilehood, creadores de la serie animada dirigida a niños en edad preescolar Plim Plim. Al mismo tiempo, continúa desarrollando Crónica de los Libertadores, explorando nuevos formatos como estatuillas de los personajes y atlas históricos.
En un ecosistema donde el edutainment suele asociarse a propuestas básicas, Digi Learnnials plantea otra vara. “Hay que sacarse de encima la idea de que los videojuegos educativos son sinónimo de baja calidad”, sostiene Vergez. Sus juegos lo demuestran: aprender también puede ser una experiencia profunda, estética y transformadora.











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