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La UNTREF patenta un sensor para medir el ruido urbano en tiempo real

  • cidem7
  • 19 feb
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 23 feb

Desarrollado por investigadores de la universidad, el Sistema SARU convierte el sonido de la ciudad en datos estratégicos para mejorar la calidad de vida, impulsar ciudades inteligentes y abrir nuevas oportunidades de transferencia tecnológica.



El ruido urbano es una presencia constante pero invisible. Está en el tránsito, en las obras, en la actividad industrial, en la vida cotidiana. Afecta el descanso, la concentración y la salud, pero pocas veces se mide de manera sistemática. Con esa premisa nació el sistema Sensor Acústico de Ruido Urbano (SARU) desarrollado por investigadores de la UNTREF y recientemente patentado. El patentamiento fue gestionado por la Oficina de Vigilancia Tecnológica y Propiedad Intelectual de la universidad, que coordina Marcela Ricosta y viene trabajando activamente.


SARU es, básicamente, una red de sensores que miden ruido en la ciudad de manera continua”, explica Esteban Lombera, uno de sus creadores junto a Matías Caccia, Eduardo Sacerdoti, Agustín Arias y Tomás Laquinta. “Son dispositivos pequeños y de bajo costo que se instalan en distintos puntos y permiten saber, en tiempo real, qué niveles de ruido hay en cada lugar”.


La lógica es simple pero potente: cada módulo registra el sonido, lo procesa y envía los datos a la nube, donde pueden visualizarse de forma remota. A partir de allí se generan mapas dinámicos que permiten entender cómo se comporta la contaminación sonora en distintos momentos y zonas. “En el fondo, lo que buscamos es que información acústica compleja se convierta en una herramienta útil para tomar decisiones”, resume Lombera.


El sistema SARU midiendo la contaminación sonora en el puente de la Av. San Martín de Caseros, una de las zonas más ruidosas de la ciudad.
El sistema SARU midiendo la contaminación sonora en el puente de la Av. San Martín de Caseros, una de las zonas más ruidosas de la ciudad.

Bajo costo, precisión y autonomía energética


Uno de los principales diferenciales del sistema es su accesibilidad. Mientras que los equipos profesionales de medición acústica suelen ser costosos y, por lo tanto, de uso limitado, SARU apunta a cubrir ese vacío.


Logramos combinar tres cosas que normalmente no vienen juntas: posibilidad de desplegar muchos equipos, una precisión aceptable para aplicaciones reales y bajo costo”, destaca Caccia. El desarrollo se basa en hardware abierto y componentes fáciles de conseguir, lo que permite su escalabilidad y adaptación a distintos contextos.


Además, los nodos pueden funcionar de manera autónoma con batería y panel solar, lo que les permite operar durante largos períodos en el espacio público sin requerir infraestructura compleja. El sistema incorpora procesos de calibración y compensación que mejoran la fidelidad de las mediciones.


Detrás de esa síntesis tecnológica hubo años de trabajo. El proyecto comenzó como parte de investigaciones académicas sobre ruido urbano y fue evolucionando hasta consolidarse como un sistema integral. “El desafío fue conseguir buena precisión usando componentes económicos, diseñar equipos que puedan quedar funcionando afuera durante mucho tiempo y resolver cuestiones de energía, conectividad y estabilidad”, detallan. Electrónica, procesamiento de señales y plataforma web debieron integrarse en un único ecosistema tecnológico, a través de prototipos sucesivos y ensayos comparativos con equipamiento profesional.



La invención fue muy bien recibida por la comunidad académica, al punto que algunos de sus responsables publicaron un artículo sobre las particularidades del sistema en la prestigiosa revista internacional Journal of Ecological Engineering, especializada en las áreas de protección y restauración del medio ambiente natural. 


Datos para ciudades inteligentes


En el debate contemporáneo sobre las Smart Cities, los datos son el insumo clave. Sensores que miden tránsito, calidad del aire o consumo energético forman parte de la infraestructura invisible de las ciudades del futuro. SARU se inscribe en esa misma lógica, pero focalizado en una dimensión muchas veces relegada: el sonido.


“Las ciudades inteligentes se basan en usar datos para mejorar la vida urbana. Nosotros aportamos información continua sobre algo que existe todo el tiempo, pero que muchas veces no se mide: el ruido”, señala Lombera. Esa capa adicional de información puede incidir en decisiones sobre planificación urbana, rediseño del tránsito, control de fuentes ruidosas o evaluación de políticas públicas.


La contaminación sonora no es un problema menor. Está asociada a estrés crónico, dificultades de sueño y disminución de la calidad de vida. Al visibilizarla con datos concretos y comparables en el tiempo, SARU habilita intervenciones más fundamentadas y evaluables.


Aplicaciones industriales y monitoreo continuo


Más allá de su aplicación en la vía pública, el sistema tiene proyección en entornos industriales. Puede utilizarse para monitorear niveles de ruido en plantas productivas, verificar el cumplimiento de normativas y detectar variaciones anómalas en procesos.


“Uno de los beneficios más claros es el monitoreo continuo en lugar de mediciones puntuales”, explica Caccia. El acceso al historial de datos y la automatización de reportes simplifican tanto el control interno como las auditorías externas, a un costo significativamente menor que los sistemas tradicionales.


Esteban Lombera y Matías Caccia, dos de los investigadores de la universidad que crearon esta tecnología.
Esteban Lombera y Matías Caccia, dos de los investigadores de la universidad que crearon esta tecnología.

Patentar para transferir


El reciente patentamiento del sistema no es, para sus desarrolladores, un fin en sí mismo, sino una herramienta estratégica. “Vemos el patentamiento como una forma de facilitar la transferencia de la tecnología. Queremos que SARU pueda llegar efectivamente a empresas, municipios u otros actores”, sostienen.


Si el desarrollo genera ingresos, la intención es que esos recursos vuelvan a la universidad para financiar nuevas líneas de investigación. “No lo pensamos como un fin puramente comercial, sino como parte de un círculo donde la ciencia se transforma en soluciones reales”.


En esa misma línea, Lombera y Caccia son claros respecto al rol de la universidad en el ecosistema productivo. “Nos parece positivo y necesario que investigadores universitarios puedan generar negocios tecnológicos. La universidad produce conocimiento con gran potencial para transformarse en tecnología útil. Cuando eso se logra transferir al sector productivo, se genera impacto social y se fortalece el ecosistema de innovación”.


Con SARU, la UNTREF no solo suma una patente a su historial científico. También da un paso en la construcción de un puente cada vez más sólido entre investigación académica, calidad de vida urbana y desarrollo tecnológico con impacto real.

 

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