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UNTREF acompaña a las PyMEs para reducir costos energéticos y ganar competitividad

  • cidem7
  • hace 10 horas
  • 5 Min. de lectura

Investigadores del Centro de Estudios de Energías Renovables y AeroMat trabajan codo a codo con empresas del Partido de Tres de Febrero y otras regiones para mejorar su desempeño energético. Diagnóstico in situ, soluciones a medida y ahorros de hasta el 40% marcan una experiencia que combina conocimiento académico y necesidades productivas.



En un escenario económico desafiante para las pequeñas y medianas empresas argentinas, la eficiencia energética dejó de ser un tema accesorio para convertirse en una condición de supervivencia. Frente a esta situación, un equipo de investigadores del Centro de Estudios de Energías Renovables (CEER) de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), en colaboración con el grupo de investigación AeroMat de la carrera Ingeniería Ambiental, desarrolla un modelo de vinculación con el sector productivo que busca reducir costos, mejorar procesos, fortalecer la competitividad y cuidar el medio ambiente.


Coordinados por el Dr. Lucio Ponzoni, los equipos del CEER y AeroMat trabajan directamente con PyMEs mediante un enfoque aplicado que rompe con el modelo tradicional de consultoría. La iniciativa, además, cuenta con el rol articulador del Centro de Innovación y Desarrollo de Empresas y Organizaciones (CIDEM), fundamental para generar las relaciones con las empresas y encuadrar institucionalmente estas vinculaciones.


“El proyecto surge de una brecha muy concreta: hay mucho conocimiento técnico en la universidad que no llega al sector productivo. Muchas PyMEs tienen consumos ineficientes, pero no cuentan con herramientas para detectarlos”, explica Ponzoni.


De la universidad al territorio


La propuesta nace de una necesidad detectada en el entramado productivo local: empresas que crecieron rápidamente, pero sin contar con capacidades técnicas internas para optimizar sus consumos energéticos. El CIDEM cumple un papel central al facilitar el contacto con las empresas y canalizar la demanda hacia los equipos del CEER y AeroMat, consolidando un esquema de transferencia tecnológica con impacto directo.


“Planteamos un modelo de vinculación que permita transferir conocimiento aplicado y generar resultados concretos: reducir costos y mejorar la eficiencia operativa”, indica Ponzoni.


Un modelo de trabajo colaborativo


A diferencia de las consultorías tradicionales, los investigadores de la UNTREF trabajan in situ, con una lógica de colaboración junto a cada empresa. El proceso incluye relevamiento, diagnóstico, identificación de oportunidades y acompañamiento en la implementación. “No es una consultoría externa clásica, sino un proceso de co-desarrollo. Cada empresa tiene su propia realidad, por eso evitamos soluciones estándar”, afirma Ponzoni.


El enfoque se basa en entender el “ADN” de cada PyME y diseñar intervenciones a medida. Esto implica adaptarse a las condiciones existentes y potenciar los recursos disponibles, en lugar de imponer soluciones externas costosas o difíciles de implementar.



Un servicio integral que combina técnica y gestión


Lejos de limitarse a la incorporación de tecnología, Ponzoni y su grupo abordan el sistema energético de las empresas de manera integral. “No se trata solo de sumar equipamiento, sino de optimizar todo el sistema energético”, subraya. Esto implica analizar en detalle cómo, cuándo y dónde se consume la energía dentro de la organización.


A partir de ese diagnóstico, los especialistas de UNTREF intervienen en distintos niveles: desde la revisión de consumos, perfiles de carga y pérdidas, hasta la capacitación del personal en hábitos de uso eficiente. También se trabajan mejoras en procesos productivos, análisis tarifarios y, cuando corresponde, la incorporación de tecnologías como sistemas fotovoltaicos, aerogeneradores de baja potencia o soluciones híbridas. Todo el proceso incluye una evaluación técnico-económica y un seguimiento posterior para medir resultados.


“La clave es que cada intervención esté justificada técnica y económicamente”, resume Ponzoni.


Problemas frecuentes y oportunidades concretas


En su trabajo con empresas como Marmoreo, Tokio Iluminación y Dynterra, los expertos de la universidad han detectado patrones que se repiten en gran parte del entramado PyME. Muchas veces, los consumos elevados no responden a una única causa, sino a una suma de ineficiencias acumuladas.


“Nos encontramos con equipos sobredimensionados o mal utilizados, falta de monitoreo del consumo, ineficiencias en procesos térmicos y eléctricos y, sobre todo, costos energéticos altos sin un diagnóstico claro”, aclara Ponzoni.


A esto se suma el desconocimiento de alternativas tecnológicas y de gestión. Sin embargo, lejos de representar un obstáculo, esta situación abre una ventana de oportunidad.


“Siempre hay margen de mejora. Incluso pequeños cambios pueden generar un impacto significativo si se identifican bien los puntos críticos”, remarca.


Esa forma de trabajo —centrada en detectar “puntos de apalancamiento”— permite que muchas empresas comiencen a ver resultados sin necesidad de realizar grandes inversiones iniciales.


Ahorro energético: una inversión, no un gasto


Uno de los principales mitos que enfrentan Ponzoni y sus equipos es la idea de que la sustentabilidad es cara. La experiencia en campo demuestra lo contrario. “La eficiencia energética es, en muchos casos, la inversión con mejor retorno dentro de una empresa. Muchas mejoras no requieren grandes desembolsos, sino ajustes operativos”, afirma.


En aquellos casos donde se incorporan tecnologías, los análisis muestran períodos de repago razonables, especialmente en un contexto de tarifas energéticas en aumento. Pero incluso antes de llegar a esa instancia, existen múltiples acciones de bajo costo que permiten optimizar el consumo.



La diferencia entre “ahorrar” y “ser eficiente” es central en este punto: no se trata solo de consumir menos, sino de utilizar mejor la energía disponible. “En empresas que nunca trabajaron la eficiencia energética, se pueden lograr reducciones de hasta un 40% en el consumo, sin necesidad de transformar toda la infraestructura”, asegura.


Competitividad y nuevos mercados


Los beneficios de estos procesos no se limitan al ahorro económico. La mejora en la eficiencia energética impacta en la productividad, reduce problemas operativos y fortalece la competitividad de las empresas. “Además del impacto ambiental, hay beneficios muy concretos: mejora la eficiencia productiva, se reducen riesgos energéticos y las empresas pueden acceder a mercados que exigen estándares de sustentabilidad”, afirma.


De este modo, la eficiencia energética comienza a ser también un posicionamiento estratégico, especialmente en cadenas de valor cada vez más exigentes.


Argentina frente al desafío regional


En comparación con otros países de la región y del mundo, Argentina aún presenta rezagos en la adopción de estas prácticas. “En países como Chile, Colombia o Uruguay hay mayor conciencia. En Argentina, el tema empezó a tomar relevancia más por una cuestión de costos que por una política sostenida”, analiza Ponzoni.


Durante años, los subsidios energéticos redujeron la urgencia de optimizar consumos. Sin embargo, el cambio en el contexto económico alteró ese escenario. “Hoy muchas empresas se vuelven eficientes porque necesitan sobrevivir. Lo ideal sería que esto responda a una estrategia de largo plazo, con políticas que incentiven el uso racional de la energía”, agrega.


Una puerta abierta para las PyMEs


El equipo del CEER, junto con el grupo AeroMat, continúa ampliando su trabajo, no solo en el conurbano bonaerense sino también en otras provincias como Jujuy y distintas localidades del país.


Con un enfoque basado en la cercanía, la adaptación y el conocimiento aplicado, la UNTREF se posiciona como un actor clave para acompañar al entramado productivo. “Estamos abiertos a trabajar con cualquier PyME que necesite mejorar su uso de la energía. Ese es nuestro rol desde la universidad: acompañar y aportar soluciones concretas”, concluye Ponzoni.


En tiempos donde cada kilovatio cuenta, la articulación entre universidad y empresa aparece no solo como una oportunidad, sino como una herramienta concreta para sostener y proyectar el desarrollo productivo.

 

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