Brisa, una PyME de buena madera
- cidem7
- 16 jul
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Desde hace 88 años, la empresa familiar fabrica juguetes didácticos que combinan tradición artesanal, innovación y compromiso educativo. Hoy enfrenta uno de los momentos más difíciles de su historia, pero apuesta a seguir creando desde Argentina.

Hay empresas cuya historia comienza con un plan de negocios. La de Brisa Juegos y Juguetes nació, en cambio, en un pequeño taller de carpintería, impulsada por la pasión de un hombre que encontraba en la madera una forma de crear y resolver problemas.
Todo empezó con Julio Di Lella, empleado aduanero de profesión y carpintero por vocación. En un taller ubicado en la esquina de Santos Dumont y Ciudad de la Paz, en el barrio porteño de Belgrano, fabricaba muebles y reparaba objetos para sus vecinos. Aquel espacio se convertiría, décadas después, en el origen de una de las empresas pioneras en la fabricación de juguetes didácticos de madera en Argentina.
En 1957, su hijo Luis Di Lella tomó la posta y dio un paso decisivo: fundó Polimaterial Didáctico, antecedente directo de Brisa. Su mirada innovadora transformó un oficio artesanal en un proyecto que marcaría a varias generaciones de docentes, terapeutas y familias.
"Luis fue el primero en hacer encajes planos en la Argentina, el primer rompecabezas del mapa argentino, el del cuerpo humano por capas y muchísimos materiales que después fueron imitados", recuerda Karina Bassilico, actual cotitular de la empresa junto con su marido, Guillermo Di Lella.
Una historia familiar que cambió el rumbo de la empresa
La innovación de Luis no nació solamente del ingenio. También surgió de una experiencia profundamente personal. Cuando su hija Gabriela sufrió una lesión neurológica durante la primera infancia que afectó su desarrollo motriz y del lenguaje, comenzó una búsqueda casi obsesiva de materiales que estimularan sus capacidades. Sin Internet ni acceso a bibliografía especializada, recurría a amigos que viajaban al exterior para que le trajeran revistas, fotografías e ideas de juguetes utilizados en Estados Unidos y Europa.
Aquella necesidad familiar terminó convirtiéndose en una fuente permanente de innovación. "Mucho de lo que hacemos actualmente nació para darle una mejor calidad de vida a su hija. Después descubrimos que esos mismos juguetes servían para estimular a todos los niños", cuenta Karina.

Ese origen explica por qué los productos de Brisa nunca fueron concebidos exclusivamente para personas con discapacidad. Desde sus inicios fueron pensados como herramientas de desarrollo cognitivo, sensorial y motriz para cualquier infancia, una visión que décadas más tarde dialogaría naturalmente con los enfoques contemporáneos sobre inclusión.
Hoy incluso muchos de esos materiales son utilizados en hogares para adultos mayores y en programas de rehabilitación.
Tres generaciones, un mismo propósito
La tercera generación llegó formalmente en 2012, cuando Karina Bassilico y Guillermo Di Lella asumieron la conducción de la empresa, hoy radicada en José León Suárez, Partido de San Martín. Otro de los pilares de esta nueva etapa de la PyME familiar es Sabrina Di Lella, hija de Guillermo.
El desafío consistía en modernizar la organización sin perder la identidad construida durante más de medio siglo.
"El espíritu de Brisa siempre fue sostener el trabajo hecho a mano", explica Karina. Ese legado continúa vigente. Aunque incorporaron tecnología para aumentar la capacidad productiva, cada pieza sigue requiriendo un importante trabajo artesanal. La madera ingresa al taller en bruto, pasa por procesos de cepillado, corte y mecanizado, pero el lijado y las terminaciones siguen dependiendo del trabajo manual.
La transformación más importante ocurrió en la estructura comercial. Mientras Luis conservaba una lógica más cercana al artesano y a la venta directa en ferias, la nueva conducción profesionalizó la empresa, amplió la producción mayorista y construyó una red de distribución que llegó a jugueterías didácticas de todo el país.
Paradójicamente, el cambio más reciente fue ir en sentido inverso. Hasta diciembre de 2024 Brisa nunca había vendido directamente al consumidor. La caída del mercado obligó a desarrollar una tienda online y abrir un canal minorista que durante años habían evitado.

Mucho más que juguetes de madera
Si algo distingue a Brisa es que sus productos no responden a una única corriente pedagógica. Bassilico explica que toman elementos de distintos enfoques educativos para diseñar cada juego.
De la pedagogía Waldorf recuperan el valor de los materiales naturales, las texturas y los colores suaves; de Montessori, la autonomía del niño y el aprendizaje a través de la experiencia; y del enfoque Pikler, el desarrollo motriz y la exploración libre. "No elegimos una sola corriente. Tomamos herramientas de cada una para diseñar juguetes que sean útiles y, al mismo tiempo, divertidos".
Ese enfoque interdisciplinario explica un catálogo donde conviven juegos sensoriales, materiales para estimulación temprana, rompecabezas anatómicos, juegos de construcción y propuestas destinadas al desarrollo de habilidades cognitivas.
La madera como filosofía
En tiempos dominados por el plástico y los productos descartables, Brisa sigue apostando por un material que considera insustituible. La empresa utiliza álamo, pino, kiri, araucaria, guatambú, palo blanco y cedro colorado, siempre provenientes de bosques certificados y bajo normas IRAM de seguridad.
Para Bassilico, la elección trasciende una cuestión estética. "La madera tiene calidez, es noble y permite que un juguete pase de generación en generación."
Esa filosofía también alcanza la sustentabilidad. Las pinturas son al agua y no tóxicas, los residuos de aserrín se reutilizan en otros talleres industriales y los sobrantes de madera se donan a jardines de infantes para actividades pedagógicas.
El objetivo futuro es avanzar hacia un aprovechamiento integral de toda la materia prima, replicando modelos de economía circular como los desarrollados por fabricantes asiáticos especializados en juguetes de madera.

Cuatro juguetes que resumen una identidad
Entre los cientos de productos desarrollados a lo largo de casi nueve décadas, Karina destaca cuatro que representan la esencia de Brisa.
La Bajada de Autos, convertida en el producto emblema de la empresa; la Caja Pelotera, un banco de descarga realizado en madera de kiri; el Memosonoro, que reemplaza la memoria visual por la auditiva para estimular la escucha atenta; y el Ascensor de Bolones, diseñado por Guillermo Di Lella, que combina coordinación motriz, concentración y resolución de problemas.
A ellos se suman cocinas, electrodomésticos, juegos simbólicos y desarrollos especiales para empresas e instituciones.
El peor año en casi nueve décadas
Para Karina Bassilico no hay dudas: "2025 fue el peor año de la historia". La caída de ventas coincidió con el cierre de numerosas jugueterías y fabricantes nacionales. Muchos competidores comenzaron a producir en China. Otros directamente dejaron de fabricar. "Nosotros no vamos a ir a fabricar a China. Elegimos otro camino".
Aunque reconoce que Brisa posee un nicho muy específico difícil de reemplazar, sostiene que la apertura comercial también terminó afectando a empresas como la suya. "No hacemos el juguete que hace todo el mundo, pero igualmente sentimos el impacto."
La empresaria también cuestiona las diferencias de competitividad entre la producción nacional y la importada, especialmente por la carga tributaria que enfrentan las PyMEs argentinas.

Seguir apostando
Pese al contexto, Bassilico no habla desde el desaliento sino desde la convicción. "Ser una PyME significa apostar a lo que sos, a lo que te enseñaron tus padres y demostrar que las cosas se consiguen trabajando".
Esa convicción explica por qué Brisa continúa invirtiendo. La empresa prepara una nueva marca vinculada al diseño y la decoración, desarrolla cartelería en madera, acrílico y PVC, busca incorporar nuevas tecnologías de impresión y ampliar su trabajo para empresas e instituciones. El objetivo es diversificar sin abandonar aquello que la hizo diferente durante casi nueve décadas.
Porque, como resume Karina, detrás de cada juguete no hay solamente madera, máquinas o diseño. Hay una historia familiar, un modo de entender el trabajo y la decisión de seguir fabricando en Argentina aun cuando el contexto parece ir en sentido contrario. "Tenemos confianza en lo que hacemos. El mercado está difícil, pero no imposible. Vamos a salir adelante como lo hicimos siempre: trabajando."





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