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El desafío chino: cómo las PyMEs argentinas pueden ganar un lugar en el mercado más grande del mundo

  • cidem7
  • hace 4 días
  • 9 min de lectura

Actualizado: hace 3 horas

China ya no es solo un gran comprador de materias primas. Es uno de los principales motores de la innovación mundial y un mercado que demanda productos premium, tecnología y conocimiento. Sergio Cesarín, especialista de UNTREF en política y economía de la República Popular China, analiza las oportunidades que se abren para nuestras empresas y explica por qué comprender la cultura del gigante asiático puede convertirse en una ventaja competitiva.



China dejó hace tiempo de ser la fábrica del mundo en productos de bajo valor agregado y calidad para, desde comienzos del siglo XXI, marcar el ritmo de la innovación tecnológica, redefinir el comercio internacional de bienes y servicios y consolidarse como uno de los mercados más atractivos para firmas capaces de ofrecer conocimiento, valor agregado, soluciones tecnológicas y productos especializados. En ese escenario, comprender cómo piensan el gobierno y las compañías del gigante asiático, ya no es sólo un ejercicio académico sino una herramienta para la mayor competitividad de las empresas argentinas.


Hace más de cuatro décadas, el país iniciaba un profundo proceso de reformas económicas. Hoy disputa el liderazgo de la economía mundial, concentra algunos de los desarrollos tecnológicos más avanzados del planeta y se convirtió en un actor determinante para sectores tan diversos como la agroindustria, la minería, la energía, telecomunicaciones (TICs), computación, inteligencia artificial, industria aeroespacial y biotecnologías.


"China seguirá expandiéndose económicamente y continuará reduciendo la brecha con Estados Unidos. Si se mide el producto por capacidad de compra, por el salario y por el ingreso, ya es la primera economía del mundo", resume Sergio Cesarín, coordinador académico de la Maestría en Economía y Negocios con Asia Pacífico e India de la UNTREF.


Aunque el crecimiento anual ya no alcanza las elevadas tasas de décadas anteriores, se encuentra rondando el 5%, un nivel que muchas economías desarrolladas considerarían excepcional. Esa expansión sostenida, sumada al tamaño de su mercado interno y a una estrategia de largo plazo orientada a la innovación, explica por qué China durante las próximas décadas seguirá influyendo sobre buena parte del comercio y la economía internacional.


"Sea para Estados Unidos, Europa, América Latina o África, China ya define y determinará aún más buena parte del horizonte económico mundial", afirma Cesarín.


Competir con conocimiento


La mayor transformación de China no está en el volumen de su producción industrial, sino en el lugar que ocupa hoy el conocimiento dentro de su estrategia de desarrollo.


El nuevo Plan Quinquenal (2026-2030) del gobierno chino reafirma una estrategia que trasciende la manufactura tradicional y coloca al conocimiento en el centro. Inteligencia artificial, computación cuántica, big data, digitalización industrial, transición verde, biotecnología y exploración espacial forman parte de una hoja de ruta que busca consolidar el liderazgo tecnológico del país durante las próximas décadas.

Los números ayudan a comprender la magnitud de esa apuesta. China destina cerca de 600.000 millones de dólares anuales a investigación y desarrollo (I+D), una inversión equivalente a casi el 3% de su Producto Bruto Interno. Cada año se gradúan alrededor de tres millones de ingenieros, mientras universidades, centros tecnológicos y empresas privadas alimentan un ecosistema de innovación que hoy disputa el liderazgo mundial en sectores como la electromovilidad, computación cuántica, IA y telecomunicaciones.

"Es imposible competir con China intentando hacer exactamente lo mismo, replicar el modelo chino es una utopía. Pero sí podemos aprender de un amplio menú de políticas públicas que llevan casi cincuenta años apostando de manera consistente al desarrollo industrial, tecnológico y a la innovación", sostiene Cesarín.


Para el especialista, esa convicción constituye una de las principales diferencias con América Latina. "Mientras ellos sostienen durante décadas una estrategia de innovación, nosotros todavía discutimos periódicamente si conviene o no invertir en ciencia y tecnología".


Un mercado que demanda mucho más que soja


Ese cambio de paradigma también modificó profundamente las posibilidades para la Argentina.


China seguirá necesitando alimentos, energía y minerales estratégicos, pero los consumidores chinos de clase media, particularmente en grandes centros urbanos, hoy demandan bienes y servicios de mayor sofisticación.


La agroindustria mantiene un papel central apostando a sostener el principio de “seguridad alimentaria” de China: soja, harinas proteicas, carne aviar y carne vacuna continuarán teniendo en el gigante asiático uno de sus principales destinos de exportación. Por su parte, las importaciones desde China hacia nuestro país registran productos como fertilizantes, material de transporte, productos electrónicos y automóviles, entre otras posiciones. Asimismo, inversiones de empresas chinas en Argentina participan en proyectos sobre explotación de litio, petróleo, gas y generación de energías renovables. Uno de los ejemplos más notables es el del conglomerado empresarial estatal Power China que, entre otros proyectos, tiene a su cargo la planta solar fotovoltaica Parque Solar Cauchari, en la Provincia de Jujuy, la más grande de América Latina.

Sin embargo, para Cesarín, otras oportunidades empiezan a aparecer fuera de los grandes complejos exportadores. Biotecnologías, tecnologías en agricultura sustentable, software, monitoreo ambiental, salud y alimentos diferenciados aparecen entre los sectores con mayor potencial para nuestro país.


Electromovilidad, uno de los sectores industriales y tecnológicos de avanzada que China domina a nivel mundial.
Electromovilidad, uno de los sectores industriales y tecnológicos de avanzada que China domina a nivel mundial.

"En un mercado de más de 1.400 millones de personas, no todo pasa por vender toneladas de soja. Para las PyMEs argentinas, el reto es identificar aquellos espacios donde el conocimiento, la especialización y la innovación les permitan competir".


Existe, sin embargo, un aspecto que atraviesa cualquier estrategia comercial con China y que suele sorprender a quienes se acercan por primera vez a ese mercado: la escala.


Mientras una PyME argentina puede planificar su producción pensando en miles de clientes, una empresa china suele proyectar negocios para decenas de millones de consumidores. Ese cambio de dimensión obliga a replantear desde la capacidad productiva, la formación de alianzas, hasta la logística y la planificación financiera.


"Ellos piensan a otro nivel y escala de producción, producen para el mundo. Por eso es importante identificar nichos específicos y graduar la oferta de acuerdo con la demanda potencial localizada en regiones o provincias de China".


Lejos de desalentar a las PyMEs, Cesarín propone justamente lo contrario: enfoque ICE (informarse, capacitarse y especializarse).


La enorme diversidad del mercado chino permite que productos dirigidos a segmentos muy concretos —desde alimentos adaptados hasta soluciones biotecnológicas— encuentren clientes suficientes para construir negocios altamente rentables.


No se trata de competir con los gigantes industriales chinos, sino de ofrecer aquello que el mercado todavía no produce o necesita incorporar desde otros países.


No alcanza con tener un buen producto


Las oportunidades están, pero aprovecharlas implica algo más que identificar un mercado atractivo. De acuerdo con Cesarín, uno de los errores más frecuentes es pensar que China funciona como cualquier otro destino de exportación.


"La primera recomendación siempre es informarse. Hay que conocer el país, estudiar el mercado, apoyarse en las agencias públicas de promoción, consultar a las oficinas comerciales, apoyarse en organizaciones como cámaras empresariales y, cuando sea posible, asistir a ferias internacionales".


Las herramientas digitales también cambiaron la forma de iniciar esos vínculos. "Hoy una reunión virtual puede ser el comienzo de una relación comercial. Lo importante es generar confianza, presentar el producto y empezar a construir una relación que debe ser asumida como de largo plazo".


Comprender la cultura para construir confianza

 

Con frecuencia, cuando se habla de hacer negocios con China, las diferencias culturales aparecen como una barrera difícil de superar. Sin embargo, para Cesarín esa mirada necesita actualizarse.


Sergio Cesarín, coordinador académico de la Maestría en Economía y Negocios con Asia Pacífico e India de la UNTREF.
Sergio Cesarín, coordinador académico de la Maestría en Economía y Negocios con Asia Pacífico e India de la UNTREF.

"La sociedad china se ha vuelto mucho más cosmopolita", sostiene. "Sus empresarios viajan por todo el mundo, conocen muy bien América Latina y muchas veces tienen más información sobre nuestros países de la que imaginamos".

 

Ese cambio también alcanzó a los consumidores y abre nuevas posibilidades para empresas argentinas capaces de ofrecer innovación. Mientras en China conviven prácticas tradicionales con nuevas tendencias de consumo, millones de personas buscan alimentos saludables, vinos premium, desean experiencias gastronómicas, bienes diferenciados y artículos artesanales de alto valor agregado.

  

Pero conocer al consumidor no alcanza. La negociación intercultural sigue siendo un componente decisivo para construir relaciones comerciales duraderas.

 

"Los chinos valoran mucho la formalidad, el protocolo, el trabajo en equipo y la construcción gradual de confianza. Muchas veces un negocio no se cierra en la primera reunión, sino después de varios encuentros".


Cuando un número puede vender más que una campaña de marketing

 

Las diferencias culturales, muchas veces, aparecen donde menos se las espera. Cesarín recuerda una experiencia que ilustra hasta qué punto conocer los códigos simbólicos del mercado puede marcar la diferencia.

 

Hace algunos años, una importante delegación china visitó una reconocida bodega mendocina en busca de nuevos vinos para importar. Durante la degustación, uno de los productos captó inmediatamente la atención de los visitantes.

 

No fue solamente por sus características enológicas. La etiqueta llevaba impreso el número 1888. En la tradición china, el ocho representa prosperidad y buena fortuna. Tener tres ochos consecutivos convertía a ese vino en un producto especialmente auspicioso desde el punto de vista simbólico.

 

"Probablemente el comprador ni siquiera supiera demasiado del vino, pero el número tenía un enorme valor cultural para él".

 

El ejemplo resume una enseñanza mucho más amplia. Los colores, los gestos, la forma de entregar una tarjeta personal, los tiempos de una negociación o incluso determinados símbolos pueden influir tanto como el precio o la calidad del producto.

 

Fabricar en China: oportunidad y desafío


La creciente presencia de empresas argentinas en China suele interpretarse como una estrategia de reducción de costos de parte de estas y garantías de acceso al mercado más grande del mundo. Pero para Cesarín, "la deslocalización productiva es un proceso que comenzó hace décadas y alcanzó a empresas europeas, estadounidenses y otras de Asia atraídas por el potencial de consumo en China”. Como indica, buscar facilidades crediticias, aduaneras, en infraestructura, logísticas y de inserción directa en el mercado chino forma parte de una estrategia que también ha sido aprovechada por multinacionales de origen argentino como Biogénesis Bagó y Arcor.


En la actualidad, firmas nacionales siguen ese camino para ampliar su capacidad exportadora y acercarse al consumidor asiático. Así y todo, producir en China también exige pensar en el largo plazo. Durante años, el gobierno chino promovió la radicación de empresas extranjeras con un objetivo claro: incorporar conocimiento, desarrollar proveedores locales y fortalecer su propia industria.


Un ejemplo de PyMEs santafesinas que exportan al gigante asiático. Pampa Cheese creó para ese mercado una mozzarella natural muy baja en lactosa, adaptando su producto al gusto de los chinos, más habituados al tofu (queso de soja). Por su parte, la especialista en biotecnología Terragene le provee soluciones de monitorización biológica, química y electrónica para la esterilización y la prevención de infecciones, utilizadas en hospitales, laboratorios y plantas procesadoras de alimentos.
Un ejemplo de PyMEs santafesinas que exportan al gigante asiático. Pampa Cheese creó para ese mercado una mozzarella natural muy baja en lactosa, adaptando su producto al gusto de los chinos, más habituados al tofu (queso de soja). Por su parte, la especialista en biotecnología Terragene le provee soluciones de monitorización biológica, química y electrónica para la esterilización y la prevención de infecciones, utilizadas en hospitales, laboratorios y plantas procesadoras de alimentos.

 En cualquier caso, recomienda que todo proyecto de internacionalización tenga en cuenta otra dimensión clave: la protección del conocimiento.


Una relación estratégica que va más allá de la política


Para el especialista de la UNTREF, más allá de los cambios de gobierno, China mantendrá un lugar central para la Argentina. Además de ser uno de los principales destinos de las exportaciones agroindustriales, el país asiático participa activamente en proyectos vinculados a la minería, la energía, infraestructura y telecomunicaciones, además de ser un importante socio financiero mediante el otorgamiento de un swap por 19.500 millones de dólares que hoy representa el 40% de las reservas del Banco Central.


"Puede variar el tono del vínculo político, pero la agenda económica seguirá creciendo porque responde a intereses estructurales de ambos países", argumenta. La relación bilateral ya no depende únicamente de la diplomacia. Se sostiene sobre inversiones, cadenas de valor, cooperación tecnológica y necesidades económicas compartidas.

 

Prepararse para competir también se aprende


Comprender el mercado chino no depende únicamente de conocer estadísticas económicas o tendencias de consumo. También exige interpretar su historia, su cultura empresarial y las transformaciones que atraviesan al conjunto de Asia, una región que reúne buena parte del crecimiento económico y tecnológico del mundo.


Con esa mirada trabaja la Maestría en Economía y Negocios con Asia Pacífico e India de la UNTREF, de la que Cesarín es uno de sus principales referentes. El posgrado propone una formación interdisciplinaria para comprender las dinámicas económicas, políticas y culturales de China, India, Japón, Corea del Sur y el Sudeste Asiático, con un enfoque orientado a los desafíos del comercio internacional y la cooperación tecnológica.


Ese conocimiento también se proyecta hacia el sector productivo a través del trabajo conjunto con el CIDEM-UNTREF, que articula actividades de capacitación, asistencia técnica y proyectos de investigación y desarrollo tecnológico para empresas interesadas en hacer negocios con Asia. "Lo que buscamos es formar gestores de negocios y transformar el conocimiento en proyectos y oportunidades concretas para las empresas", sintetiza Cesarín.


Mirar hacia Asia para ampliar el horizonte


Hace apenas unas décadas, China aparecía como un destino lejano para las empresas argentinas. Hoy es uno de los actores que más influye sobre el comercio internacional, la innovación tecnológica y las cadenas globales de valor.


Según Cesarín, ya no se trata de preguntarse si vale la pena mirar hacia Asia. La pregunta es cuán preparadas están las empresas argentinas para aprovechar ese escenario. Porque competir en ese mercado implica mucho más que exportar. Significa comprender otra cultura de negocios, construir relaciones de confianza, e identificar segmentos específicos donde la innovación pueda convertirse en una ventaja competitiva. Y no sólo para grandes empresas sino también para firmas medianas con potencial exportador que, apoyadas por agencias públicas y recursos propios, deseen atravesar las “grandes aguas” y explorar oportunidades en China.


En un mundo donde Asia marca el ritmo del desarrollo tecnológico y económico, conocer China deja de ser algo reservado para expertos. Empieza a convertirse en una herramienta estratégica para cualquier empresa que aspire a crecer, innovar e insertarse en cadenas globales de valor.

 


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