UNTREF y la empresa Tokio crearán luminarias a partir de hongos
- cidem7
- hace 4 días
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El proyecto se centra en desarrollar una nueva generación de artefactos lumínicos a base de micelio, un biomaterial con propiedades únicas. Ciencia, diseño y fabricación digital se combinan para abrir un nuevo camino hacia la economía circular y posicionar a la industria argentina en un mercado de alto valor agregado.

¿Cómo puede un hongo transformarse en una luminaria de diseño? ¿Cómo llevar ese proceso a una escala industrial? Esas preguntas comenzaron a movilizar a investigadores de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) y a la empresa Tokio Iluminación, y terminaron en la elaboración de un proyecto conjunto presentado en la quinta convocatoria del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA), el programa de financiamiento del Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la Provincia de Buenos para impulsar el desarrollo tecnológico en PyMEs, cooperativas y organismos públicos del territorio mediante la articulación con el sistema científico-tecnológico.
El proyecto busca desarrollar una línea de luminarias sostenibles fabricadas con micelio, el entramado de filamentos que constituye la estructura vegetativa de los hongos, y reúne las capacidades de los Laboratorios de Arte Electrónico e Inteligencia Artificial (LAEIA) y de Innovación y Fabricación Digital (LIFAD) de la UNTREF, junto con la experiencia productiva y comercial de Tokio.
No se trata simplemente de cambiar un material por otro. El desafío consiste en desarrollar una tecnología de fabricación completamente nueva, capaz de combinar procesos biológicos, diseño computacional e industria para producir objetos de alto valor agregado.
"Desde el principio en Tokio siempre tuvimos la idea de pensar los materiales que usamos, aprovechar los descartes y crear nuevos productos desperdiciando lo mínimo. Trabajamos principalmente con madera y este proyecto complementa esa filosofía, pero además nos abre una posibilidad completamente nueva", explica Ignacio Campal, socio gerente de Tokio.
Mucho más que un material sustentable
El protagonista de esta historia es el micelio. Cultivado sobre residuos agroindustriales, puede convertirse en un biomaterial con prestaciones sorprendentes. Su primera virtud es ambiental: es completamente biodegradable. Pero el interés científico e industrial va mucho más allá. El micelio presenta un comportamiento ignífugo natural —una condición especialmente valiosa para productos eléctricos—, posee propiedades de aislamiento térmico y acústico y ofrece una resistencia suficiente para aplicaciones estructurales livianas. Además, durante su crecimiento desarrolla vetas, texturas y tonalidades propias que convierten cada objeto en una pieza irrepetible.
En otras palabras, ninguna lámpara será exactamente igual a otra. Esa combinación entre naturaleza y diseño es precisamente uno de los grandes diferenciales del proyecto. "Sus principales atributos son la sostenibilidad, el comportamiento ignífugo, la absorción acústica y la condición de pieza única que le otorgan las texturas orgánicas del micelio", resume Alejandro Bottini, responsable del LIFAD.
Mientras la fabricación digital garantiza precisión industrial, la biología aporta aquello que ninguna línea de producción convencional puede reproducir: la singularidad de cada pieza.
Una fábrica donde trabajan científicos, diseñadores e ingenieros
La verdadera innovación del proyecto no reside únicamente en el material. También está en la forma de producirlo.
El LAEIA será responsable de toda la investigación biológica: seleccionará las cepas fúngicas, desarrollará los protocolos de cultivo y estudiará las condiciones óptimas para que el micelio alcance las propiedades necesarias.
El LIFAD, en tanto, aportará las herramientas de fabricación digital. Diseñará los moldes mediante modelado paramétrico, imprimirá en 3D las matrices y desarrollará las estructuras que permitirán transformar un organismo vivo en un componente industrial perfectamente compatible con los sistemas eléctricos convencionales.
Tokio sumará su experiencia en procesos industriales, validación técnica y comercialización para convertir los desarrollos del laboratorio en productos listos para llegar al mercado.
"Planteamos una verdadera sinergia de biofabricación digital. El LAEIA aporta la base científica y el LIFAD traduce esa biología a escala industrial", explica Bottini.
Innovar para competir distinto
Para Tokio, el desarrollo representa mucho más que incorporar un nuevo producto al catálogo. La empresa, hasta ahora volcada a productos de consumo masivo, apuesta a ingresar en un segmento completamente distinto del mercado: arquitectos y diseñadores de interiores que valoran piezas exclusivas y sustentables.
"Queremos entender esta tecnología, aprender cómo escalarla y construir una nueva vertical para la empresa. Nos va a permitir posicionarnos como una marca innovadora que incorpora biomateriales y piensa en la ecología", afirma Campal.
La propuesta también permitirá sustituir materiales derivados del petróleo por biomateriales de origen renovable, alineando la producción con los principios de la economía circular. Como resume Bottini, "el proyecto ofrece a la empresa innovación disruptiva y un posicionamiento de triple impacto respaldado por el conocimiento generado desde la universidad pública".
Una alianza que produce mucho más que luminarias
Hay un dato que resume el espíritu de esta historia. Tokio nació gracias al Tanque de Ideas, una actividad organizada por el Centro de Innovación y Desarrollo de Empresas y Organizaciones (CIDEM) de la UNTREF y la Red de Empresarios para el Desarrollo (RED) que apuesta a vincular empresarios de experiencia con jóvenes talentos y potenciar emprendimientos originales.
Desde entonces, UNTREF y Tokio trabajaron juntas en temas de propiedad intelectual, diseño industrial, matricería, procesos productivos, eficiencia energética y ahora en biomateriales. Las luminarias de micelio son, en realidad, la consecuencia natural de una relación construida durante años.
En tiempos en los que la competitividad depende cada vez más del conocimiento, estas articulaciones construyen mucho más que nuevos productos: crean empresas más innovadoras, fortalecen el entramado industrial y muestran que la ciencia puede convertirse en una poderosa herramienta para producir, crecer y abrir nuevos mercados.





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